lunes, diciembre 10, 2007

A ti dulce ausente


“…A ti dulce ausente, a cuya sombra propia, florecía poco a poco, aquella luz clarísima de tus ojos que para el caminar de la escritura, lo alumbraron siempre de esperanza y también a la paz blanca y fría de tus dos manos cruzadas que no habrán de hojearlo nunca..”

Hoy camine por allí…
No hacia frio, aunque si muchísima brisa
Entre las hojas que revoloteaban alegres por la mañana
Me llego tu olor
Me detuve, cerré los ojos, y sonreí al recordar
Como ese olor me inundaba cada noche entre tus sábanas
Un escalofrío me recorrió el cuerpo
Me saco de mis recuerdos
Un taxista que toco el claxon por haberme quedado a mitad de la calle
Tres señoras se me quedaron viendo y una chica me pregunto si me encontraba bien, a lo que respondí “perfectamente...”
Terminé de cruzar, pase por el parque, al llegar a la avenida cruce a la derecha
Atravesé el puente y subí la larga cuesta.
Luego detuvo mi paseo un autobús rojo, recuerdo incluso el número…
Busque entre los asientos desesperada tu rostro, y por un segundo juraría
Que logré verlo, que me veías de esa manera tan peculiar
Que era capaz de atravesarme el alma
El bus se detuvo, te levantaste, y camine hacia a ti, las puertas se abrieron
El corazón me latía como nunca, tenía un nudo en el estómago
Era una sensación entre emoción y miedo, ansiedad y expectación…
Finalmente, bajó una joven pareja, una señora mayor con una bolsa de pan
Una niña de coletas y gafas y en seguida, salió un chico de hermosos ojos morenos
Me sonrió, y me le quede viendo sin poderlo evitar, no eras tú pero era tu mirada…
Seguí recorriendo con la vista el camino que hacia
Hasta que alguna sensación me invitó a darme la vuelta
Todo transcurrió en cuestión de segundos…
Vi como la sudadera de rayas se escondía tras la puerta que se cerraba tras de ti…
Recorrí visualmente el edificio, y conté mentalmente los pisos, 1, 2…hasta llegar al tuyo…
Sabía que la ventana de tu habitación no daba a la calle principal,
De igual manera me senté en el banco al otro lado de la calle, frente a la panadería
Y no pude evitar recordar, la primera vez que entre allí…
Estaba emocionada, sabía lo que me esperaba y por lo q no podía evitar estar también terriblemente asustada.
No lo sabes, pero estuve un buen rato a la salida del metro
No sabía si regresarme a casa o llamarte; Pensé en todo, en todas las tardes de esa misma semana que compartimos, incluso reflexione sobre este mismo momento…
Soñé con este momento, sabía antes de que pasara nada, que este momento llegaría existir…
Cuando llegué a la estación, subí las escaleras mecánicas, ante mi habían varias salidas, y sin dudar salí por la que era, sabía sin tu tenerlo que decir, dónde vivías…
Puedo describirte lo que vi en cada uno de los bancos, lo que sucedía en el café junto a la salida del metro, lo que me dijiste por el móvil cuándo finalmente te llamé, te puedo describir lo que me dijiste, lo hicimos esa noche, la inocencia corrompida por un juego de emociones incontrolables…
Puedo recordar tu “en tres segundos estoy allí…” y en la patética excusa, que te di para justificar mi retraso…
También recuerdo la última vez que fui junto a ti, recuerdo dos ocasiones, y la segundo ha quedado destinada al destierro…
La primera, maravillosa como las otras tantas, a pesar de un tiempo de ausencia, esa última vez, fue igual que la primera, aún mejor, fue más apasionada, sin tabúes, ni inhibiciones, la música llenaba cada uno de los rincones de la habitación, yo sabía que eran los últimos besos, las últimas caricias, las últimas palabras de dos amantes inexpertos…La vida nos junto y de la misma manera nos separó…
La segunda, fue como una de esas malas experiencias, que prefieres no recordar, que pides y pides y te exiges a ti misma, te convences de que eso en realidad no sucedió…
Volví a la realidad, una lágrima se me escapó, y una sonrisa se dibujó en mi rostro, me levante del banco, respiré profundo y subí al primer autobús que llegó, justo a los 5 segundos de haberme levantado…
Cuál sería mis sorpresa, al verte salir por la puerta, habías estado allí parado al otro lado del cristal, contemplándome durante esos 10 largos minutos, recordando lo mismo que yo…
Sabiendo lo que en este último tiempo te has querido negar, por eso habías salido a mi encuentro…
Lamentablemente, yo eso no lo supe, sino muchísimo tiempo después…
Ahora lo sé, porque me ha llegado tu carta, la tengo entre mis manos, y estoy de nuevo sentada en el banco, queriendo subir corriendo a tu habitación, llenarte de besos, enseñarte lo que nunca hice…
Recuperar el tiempo que nunca debió pasar, llenar las paredes de placer y de sonrisas…
Y decirte de nuevo que te quiero…
Puedo hacerlo, entre sueños, hojas, lapiceros y palabras…
Que nunca serán leídas, porque tus ojos se cerraron anoche,
Tu corazón se detuvo, junto al último aliento que tu cuerpo exhaló…

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