domingo, febrero 24, 2008

“Julié…”


Las olas rompían con fragor en las rocas, el sol empezaba a esconderse, y la temperatura descendía tan rápido como el día terminaba, podía sentir la arena entre mis dedos, y como la brisa se escurría entre mi camiseta, el olor marino me embriagaba..

Empecé a recordar como solíamos reírnos, como niños pequeños, jugando en la orilla, a que las olas no nos alcanzasen; jugando a dejar huellas en la arena, para luego ser borradas por el agua, a hacer castillos de arena, y coleccionar conchas de mar…

Luego recordé la noche que las enzarzaste, en hilo de hadas, y me la pusiste en el cuello, besándolo luego dulcemente, también recordé las largas noches, tumbados junto a la fogata, observando las estrellas, que nos seducían para luego hacer el amor, con la luna de protagonista….Como llenaban tus besos, nuestro pequeño rincón, nuestra nube de terciopelo…

De tanto recordar, no pude evitar que una lágrima se me ha escapase, sé que la melancolía es de tontos, pero también de humanos, aún más mujeres románticas y apasionadas…luego se me escapo una segunda lágrima, una tercera, una cuarta…

Empecé a llorar en silencio, hasta que un pañuelo blanco con las puntas bordadas, secaron mis lágrimas, una sonrisa que me transporto al pasado, el momento era tan irreal, como el sonido de los pájaros que alzaban vuelo, acariciaste mi mejilla, pude sentir el calor de tu mano y oler tú perfume…

Apartaste el cabello de mi cara, y te empezaste a acercar a mí, el tiempo se detuvo, ya no se oían niños en la playa, las olas dejaron de acariciar la playa, y el sol detuvo sus rayos, todo transcurrió lentamente, te fuiste acercando poco a poco, evocando tan fuerte sentimiento de amor…

Estando a un centímetro de mis labios, mi cuerpo estaba extasiado, y mi cuerpo no supo dilucidar tu imagen y cuándo finalmente tus labios rozaron los míos un escalofrío recorrió mi espina dorsal, sentí un dolor tan insoportable por todo el cuerpo, que enseguida se detuvo, para ser sustituido por el frío intenso de las aguas de invierno.

Cuándo el tiempo se detiene y comienza de nuevo, todo se sucede rápidamente para recuperar el tiempo perdido, de esa manera, las olas parecían rugir furiosas, el color del cielo ya no era azul teñido de rojo y naranja, sino que era morado intenso, las risas de los niños eran llantos y se oía también los gritos desesperados de adultos.

Pude ver tu imagen, como se alejaba de mí, con cara de profunda tristeza y de negación. Luego todo se oscureció y no oí nada más…

Parecieron pasar horas, cuándo logré abrir los ojos, se oía una canción, con un solo acorde, que se repetía una y otra vez, era triste y de alarma, que hacía juego con las luces de la ambulancia; un hombre se dirigió a mí articulando palabras, que yo no lograba entender; tenía mi cuerpo inmóvil y adolorido en una cama angosta, no podía mover la cabeza, y se me dificultaba respirar, me costaba mantener los ojos abiertos, por lo q finalmente sucumbí a un sueño eterno, interrumpido por descargas eléctricas, cada vez más fuertes…

De nuevo desperté, en una habitación blanca, indiscutiblemente se trataba de un hospital, era la habitación de urgencias de un psiquiátrico, no pude reconocer a los de la habitación, pero me percaté de sus caras, que reflejaban profunda lástima y alguna que otra mostraba desaprobación y decepción…
Ahora me paso los días en el jardín, viendo las puestas de sol, tomo mis medicamentos tres veces al día, ya no lloro, ni río; mi cuerpo no soporta ningún tipo de emoción, no puedo pensar, solo puedo recordar los tiempos color de rosa, junto a ti mi querido Julié…

Me abandonaste dos años antes a día de hoy, lo que sería a su vez dos años después del día que nos conocimos, llovía rabiosamente y tu coche patino, yendo a destrozarse al final de un despeñadero, moriste en el acto, y mi alma se fue junto a la tuya, al mundo de las formas, de dónde pertenecen…

El conflicto cuerpo mente me llevo a la depresión, y luego a la desesperación. Aquella tarde en la playa, nuestra playa, hacía un año de tu muerte, y mis ganas de verte eran tan intensas, que mi mente te invento, alucine tu imagen, tu recuerdo, tu amor…

A la vez q caminaba por la playa, en dirección al precipicio, las olas rompiendo en las rocas me sonaron a dulce melodía, y atraída por la locura, por las ansias de besarte, caí sin darme cuenta, pero queriéndolo fervientemente; y fatídicamente mi suicidio involuntario falló…

Pero aunque las cicatrices de las caídas hayan sanado, aunque mis pulmones respiren y mi corazón palpite…Mi alma se fue con la tuya aquella triste noche; y ese día en la playa mi mente murió…

Ahora camino muerta en vida, sedada por los medicamentos, paseando por los jardines, y viendo los atardeceres, montada en un árbol puedo observar nuestra playa, esperando envejecer y morir para no recordar, para dejar de desear estar contigo y para permitir a mi cuerpo desintoxicar…

“…Te ame con locura
Como nunca nadie ha amado
Como nunca en ninguna novela se ha escrito…
Inocente y puramente…”

Tuya por siempre,
Emanuelle

Se oyó un tiro que desgarró la tranquila noche del psiquiátrico, el médico de guardia y las enfermeras, corrieron a la habitación de Emanuelle, encontrando su cuerpo inerte, las paredes blancas manchadas de rojo, y una carta en su mesita de noche… “Para mi querido Julié”

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eres maravillosa. Sin más. Eres como el viento que nadie puede atrapar pero, cuando tengo la suerte de que siento tu fuerza cerca, me haces ser el hombre más feliz del mundo. Sigue siendo tú y tus miles de mundos y enséñame de vez en cuando cuan insondable es tu corazón para volver a enamorarme de ti. Me ha encantado.
Joaquín